sábado, 9 de febrero de 2013

Consigna VI (De un asesino católico)

Dios sabe, pues a sus pies he confesado,
que el silencio cala los huesos de los hombres

q ue yacen menos que enamorados;
no existen excusas ni razones de parte

que expliquen claramente el desierto mortuorio 
que es un alma envenenada de verdades.

No tengo pecados, pero cargo pasados
también milongas ajenas y sucios altercados 

Dios es mi testigo de hecho, en este proceso siniestro
en el cual se me acusa de ser hombre sin ser humano.
tú ahí, eterna, observas mis defensas y sus ataques
callas en pro de tu sonrisa y yo te miro y te explico
a mudas y con el fracaso a cuestas
que no tengo suspiros que regalar ni frases que rifar.
 

No te quiero, pero quiero quererte porque te extraño
no quiero perderte porque simplemente no te tengo.
y decimos si y digo no
no hay tiempos de esperas, gaviotas o escapes
pues el cielo cae de azul en las noches grises
y las lluvias agrietan el perfil único de mi corazón.
adiós Dios, que morir por ti es menor poético

Que vivir por ella.

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