sábado, 19 de enero de 2013

Consigna IV (A una blusa negra)

Que celebre te vuelves dejando escapar esos hombros
que asemejan pétalos abiertos al sol,
y tú como cortina de baño
dándote aires de frivolidad
sólo porque recubres aquella divinidad.
Vas y vienes, con las fricciones y las brisas
y como quien no quiere la cosa
dejas escapar un par de siluetas
que se filtran desde el cielo hasta este suelo.

Dibujas sueños y consignas
en gente que siquiera aspira a mirarla;
eres una espectadora de lujo en tamaño busto,
una invitada formal a la fiesta de su intimidad.
No dejas más que heridas y llantos
en los pobres mortales que a veces
soñamos un poco con ser un algo más.

Te envidio, no sabes cuanto;
tú, aquella blusa negra que cual corola
adornas el océano de luces que es su cuerpo,
un día pido para cambiar de bandos
vive en mi zapatos y yo inanimado en tus telas,
tal vez así entiendas cuanto celo generas.

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