viernes, 21 de diciembre de 2012

Niña Soledad

Se llamaba Niña Soledad
no tenía nombres adicionales
o palabras en sobrenombre,
se llamaba Niña de apellido Soledad.

Gustaba de caminar por las noches estrelladas
y como torta en la cara
dejaba sus rastros de dulce
por el rostro mancillado de la ciudad.

Decía que esperaba
al príncipe azul
pero sólo tenía tiempos y piernas
para corsarios forajidos expertos en partir.

No tenía los estribos para el caballo de la vida
que a cada día número dos
le volteaba la torta y botaba de bruces
sobre el colchón manchado de un hotel lleno de soledad.

Fingía la felicidad
con el maquillaje de una sonrisa cómplice
que siempre callaba a golpes
el grito en silencio de su corazón

Se llama Niña y apellida Soledad
tiene por costumbre y consigna invertir en quimeras
que luego de un par de nalgadas
le dejan una lección mal aprendida de como amar.

Ella era y es la Niña Soledad
de la que alguna vez pude hablar
porque ahora, con el tiempo de descuento del partido del azar
sólo queda olvidar... tal cuál la consigna que a sus retoños no ha de heredar.

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