jueves, 13 de diciembre de 2012

Día Cero

Que desesperanzado quedó el mal humor y la depresión luego de una noche con ella, luego de una sobredosis de amor y miles de sinapsis correlonas de algodón.
Aún me dura el éxtasis y la sobredosis, aunque ya siento la abstinencia como síndrome que subitamente escala las paredes del "quiero más" y que no perdona otra vez esta distancia. Una noche que inició como un día de expectativas y terminó en una noche épica y de polendas.

Que malheridos pueden quedar los recuerdos cuando una brisa de copo de nieve amanece por el alma, que solitarios quedan los pesares cuando una luz tan clara irrumpe en la habitación que es mi corazón. Aún siento sus manos en mis parpados, sus risas en mis palabras y sus ojos en mi vida mundana. Aún creo verla en su tierno vaivén de luces que no son de neón .

Pero las normas de la vida te exigen que el tiempo sea sólo temporal, las noches de horas y los días de minutos. Entonces, como manda el canon de sociedad y de pluralidad me tuve que marchar. Dejando a mi paso de sólo dos minutos nostalgias de siglos y extrañares que cada hora pesan como plomo y daga.

Hay la promesa de un mañana, está fijado en algo más que las estrellas. No hay tiempo que perder, sólo ansias que se comen como escarcha. La volveré a ver, la volveré a adorar y le volveré a decir sin siquiera hablar que mi vida es suya de par en par... a esa niña de cinco años que me enseñó que aún en el peor de los días se puede soñar. Gracias por la tarde, gracias por estas lágrimas y gracias por mi antigua humanidad. Gracias Mafer... gracias

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